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Towards a new arms race?

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In 2013 the world military expenditures totaled $1.75 trillion, although this is 1.9% less than what was spent in 2012, these numbers lead to question what really explains these high amounts of money in times of relative peace. To a certain extent, it appears that the world is preparing itself for a major apocalypse, as many nations in the world continue to forge their defense systems by increasing their military budgets and upgrading their military capabilities with the latest technology. Could it be that the world is heading towards a new arms race?

Contrary to what some might expect, the world’s big military powerhouses are not countries like North Korea, Iran or Iraq (formerly known as the “axis of evil”); instead, according to the Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), in 2013 at the top of the world’s military spending ranking were the United States, China, Russia, Saudi Arabia and France. The same institute also reports that these five countries (including the United Kingdom and excluding Saudi Arabia) are also the world’s largest arms exporters.

At first glance, one can conclude that there is a trifecta of factors that come into play when it comes to huge military budgets as well as the flows of imports and exports of arms: security, geopolitics and last but not least economics.

Perhaps the most compelling factor to the public is the security dimension. Unarguably, after 9/11 the world shifted its attention towards global security issues. Under the premise of terrorism, the September 11 terrorist attacks led to major military mobilizations, increases in military spending budgets, and the war on terror itself. Unfortunately, just like the events of 9/11, the world has witnessed many other terrorist acts. Thirteen years after the war on terror was launched, perhaps it should be the right time to stop and reflect whether we want (or can) attempt to achieve a safer world solely through the use of force, coercion, and ultimately war.

The dimension of geopolitics encompasses de idea of projection of power. Take for instance the ongoing disputes in the South China Sea, where the maritime claims of several countries that include China, Vietnam, Malaysia, Japan or the Philippines have increased tensions in the region and have created the perfect means for governments to justify acquiring fancy military equipment and increases in defense budgets. Additionally, behind this element we encounter new waves of nationalism, and a very delicate issue, which is the tergiversation of the words “security” and “defense” for the sake of national politics. Once again, are we actually more secure with bigger and better weapons?

The economic dimension should not come as a surprise, as the laws of demand and supply fit perfectly into the vicious cycles of war and arms race. Behind every nation that aims at becoming a military superpower, there is a super corporation providing what its clients desire. The alarming issue with coming out of this, is that the free market allows arms and weapons to be allocated in areas of conflict, thus increasing the likelihood of the escalation of tension. On the other hand, there are also the underlying political interests that are immerse in the arms trade, which in turn also increase speculation surrounding the real reasons why some nations go to war.

Therefore, are these huge military expenditures a sign of a new arms race? Most likely this is not the case. However, the world must be careful and aware of the dangers we face with these ongoing flows of weapons. Although we cannot label the world’s current situation as an actual arms race, we must not reject the possibility of the occurrence of one if these military tendencies do not stop.

The world should know by now that hard power cannot solve it all. More importantly, that there are no definitive solutions to conflicts and security issues by military means. Whether it is security, geopolitics, or economics, it should be clear that nurturing an arms race where weapons are thought of as an intrinsic element in the search for peace, could potentially burst the bubble of tension that could lead us to unwanted wars.


¿Hacia una carrera armamentista?

 En el año 2013, se gastaron en el mundo $1.75 trillones con fines militares. A pesar de que esta cifra representa un 1.9% menos de lo que se gastó en el año 2012, estos números conllevan a cuestionar qué es lo que realmente explica o justifica estas grandes cantidades de dinero con fines militares en tiempos de relativa paz. Hasta cierto punto parece que el mundo se prepara para un Apocalipsis ya que muchas naciones en el mundo continúan reforzando sus sistemas de defensa mediante el aumento de sus presupuestos militares y la mejora de sus capacidades militares con tecnología de punta. ¿Podría ser que el mundo se encuentra en vías de una nueva carrera armamentista?

 Contrariamente a lo que algunos podrían esperar, las grandes potencias militares del mundo no son países como Corea del Norte, Irán o Irak (antes conocidos como “el eje del mal”), por el contrario, según el Instituto Internacional de Estocolmo para Investigaciones sobre la Paz (SIRI, por sus siglas en inglés), en el año 2013 en la cima del ranking de países con mayor gasto militar figuran los Estados Unidos, China, Rusia, Arabia Saudita y Francia. Este mismo instituto también reporta que estos cinco países (incluyendo al Reino Unido y excluyendo a Arabia Saudita) son también los mayores exportadores de armas del mundo.

A primera vista, se puede concluir que existe un trío de factores que entran en juego cuando se trata de estos altos presupuestos militares, así como los flujos de exportación e importación de armas: seguridad, geopolítica y la economía.

Puede que el factor más contundente para el público sea la dimensión de la seguridad. Indiscutiblemente, luego de los atentados terroristas del 11 de Septiembre, el mundo giró su atención hacia asuntos de seguridad global. Bajo la premisa de terrorismo, los eventos del 11/9 dieron lugar a importantes movilizaciones militares, incrementos significativos en presupuestos militares, así como la misma “guerra contra el terrorismo”. Al igual que los atentados del 11 de Septiembre, desgraciadamente muchos otros atentados se han llevado a cabo en el mundo. A trece años de la guerra contra el terrorismo y sus resultados, deberíamos de detenernos a reflexionar si en realidad queremos (o podemos) obtener un mundo más seguro únicamente a través del uso de la fuerza, la coerción y en última instancia las guerras.

La dimensión de la geopolítica abarca la idea de la proyección de poder. Tomemos por ejemplo los conflictos en el mar de China meridional, donde las demandas marítimas de varios países que incluyen a China. Vietnam, Malasia, Japón o las Filipinas han incrementado las tensiones en la región y han creado los medios perfectos para que los gobiernos de estos países justifiquen equipos militares extravagantes, así como grandes incrementos en sus presupuestos de defensa. Detrás de este elemento nos encontramos con nuevas olas de nacionalismo, así como con un asunto delicado que es la tergiversación de las palabras “seguridad” y “defensa” con fines políticos. Una vez más, ¿estamos realmente más seguros con armas más grandes y mejores?

Por último, la dimensión económica no debería resultar ser una sorpresa. Las leyes de la demanda y la oferta encajan perfectamente en estos ciclos viciosos de guerra y carreras armamentistas. Detrás de cada nación que pretende convertirse en un súper poder militar, se encuentra una súper-corporación que proporciona a sus clientes lo que deseen. El problema alarmante de esto es que el libre mercado permite que armas y equipo militar sean colocados en áreas de conflicto, incrementando así la posibilidad de que las tensiones escalen. Por otra parte, existen los intereses políticos que se encuentran inmersos en el comercio de armas, los cuales a su vez incrementan la especulación detrás de las razones reales por las cuales las naciones van a guerra. 

Entonces, ¿son éstos gigantescos gastos una señal de una nueva carrera armamentista? Lo más probable es que no lo sea; sin embargo, el mundo debe de ser muy cuidadoso y consciente de los peligros a los que conllevan estos flujos de armas. Aunque no se puede catalogar como tal, la posibilidad de una carrera armamentista es latente de no ser que se frenen estas tendencias militares.

El mundo debería de saber a estas alturas que el “poder duro” no puede resolver las cosas. Aún más importante, que no existen soluciones definitivas a conflictos o a temas de seguridad por la vía militar. Ya sea que se trate de seguridad, geopolítica, o economía, debe de tenerse claro que el fomentar una carrera armamentista donde las armas se convierten en un elemento intrínseco en la búsqueda de la paz es erróneo, y ademas podría reventar la burbuja de tensión que podría llevarnos hacia guerras no deseadas. 

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