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Emerging Africa

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Six of the world’s ten fastest growing economies by GDP growth are in Africa. According to the IMF’s World Economic Outlook for 2014, sub Saharan Africa is the second fastest growing region in the world.

Africa, of course, cannot be regarded as a homogeneous entity. With its 54 countries, the continent’s issues can’t be addressed by prescribing generic solutions to a shared set of challenges. On the other hand, the big picture tell us that while the economic prospects of the continent seem promising, there are some areas in which the region needs to focus on if it wishes to continue with this pattern of growth.

Additionally, it is important to note that the standards by which we measure economic growth, cannot shed light on the fact that Africa’s economic growth has been heavily determined by the extraction of raw materials -which, although profitable-, cannot make up for a sustainable path of growth in the long term.

Moreover, an example of this is Nigeria. Last April, the country was announced as the biggest economy in Africa with a GDP worth $510 Billion, surpassing South Africa’s (Africa’s former number one economy), which has a $370 Billion GDP. Was Nigeria’s boom overnight? The answers is: for the most part, no.

Nigeria is known for its vast oil reserves, its booming telecommunications industry, banking sector, and “Nollywood”, Nigeria’s very own film industry. To this, we add the fact that Nigeria is one of the main foreign direct investment (FDI) recipients in Africa. Yet, the jump in Nigeria’s GDP is greatly due to the fact that its government revised the way they calculate the nation’s GDP in order to obtain more up to date and accurate data (something that had not been done since the 1990’s).

In contrast, Nigeria is also ranked within the top twenty least competitive economies in the world, and is ranked 153/187 in the UN’s Human Development Index. Thus, although Nigeria is growing at a rate of 7% a year, it is apparent that the nation has yet to tackle big issues that could potentially slow down these positive economic figures.

This same conundrum Nigeria faces as a major economy, is also faced by many African economies, especially resource-rich African countries. Because, while taxation is not properly implemented, illicit flows of money in and out of countries remain taking place, corruption by local governments is not stopped, excessive bureaucracy is not eliminated, and infrastructure and education doe not become a priority, Africans will not see the real profits from this economic activity. And as in the case of Nigeria, economic indicators and outdated statistics will expose figures that do not reflect the reality of most Africans.

Without a doubt, Africa is a rich continent, not only in raw materials as it is commonly stereotyped, but also in valuable human capital; yet this richness has not been properly managed by most countries in the region. The fact is that despite the unbelievable natural and human resources the continent possesses, richness has found a new way out of the region, profiting only those who are at the top. Both Africa’s biggest economies like Nigeria and South Africa, as well as struggling ones such as those of Guinea or Mozambique need to redefine their paths to growth by starting to demand accountable governments and institutions. This is, perhaps, the single most important step towards the real rise of Africa.


 África emergente:

Seis de las diez economías de más rápido crecimiento en el mundo de acuerdo a su PIB, se encuentran en África. Según el Panorama Económico Mundial del FMI para el 2014, África subsahariana es la segunda región de más rápido crecimiento en el mundo.

África, por supuesto, no puede ser vista como una entidad homogénea. Con sus 54 países, los asuntos del continente no pueden ser abordados a través de la prescripción de soluciones genéricas a un conjunto de desafíos compartidos. Por otra parte, el panorama en general puede decirnos que si bien los prospectos económicos del continente parecen ser prometedores, existen áreas en las cuales la región debe de enfocarse para así poder continuar y asegurar esta tendencia de relativo crecimiento.

Adicionalmente, es importante notar que en ocasiones los estándares a través de los cuales medimos el crecimiento económico no siempre reflejan el hecho de que en África, dicho crecimiento es en gran parte determinado por la extracción de materias primas-que si bien son rentables-, no pueden conllevar un camino de crecimiento sostenible a largo plazo.

Un ejemplo de esto es Nigeria. En abril pasado, el país fue anunciado como la economía más grande de África con un PIB de $510 billones, rebasando así la de Sudáfrica (la economía número uno anterior) y la cual cuenta con un PIB de $370 billones. ¿Fue acaso el boom de Nigeria de la noche a la mañana? La respuesta es, en su mayor parte no.

Nigeria es conocida por sus vastos yacimientos de petróleo, su floreciente industria de las telecomunicaciones, sector bancario y “Nollywood”, la industria cinematográfica del país. A estos factores le sumamos el hecho de que Nigeria es uno de los países que atrae el mayor número de inversión extranjera directa (IED) en África. Aún así, el salto de Nigeria en términos de PIB se debe en gran parte a que el gobierno del país revisó la forma en que calculan el PIB de la nación, con el fin de obtener datos económicos más precisos (algo que no se había hecho desde la década de los 90).

En contraste, Nigeria también se posiciona entre los países con economías menos competitivas en el mundo, y a su vez ocupa el puesto 153 de 187 en el Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. De manera que, aunque Nigeria crezca a un ritmo del 7% anual, es aparente que la nación aún debe atacar grandes asuntos que podrían potencialmente disminuir su ritmo económico actual.

Este mismo dilema que enfrenta Nigeria como una economía importante, también lo enfrentan muchas economías Africanas, principalmente aquellas ricas en recursos naturales. Y es que mientras los impuestos no se apliquen correctamente, flujos ilícitos de dinero continúen entrando y saliendo del país, la corrupción de gobiernos locales no sea detenida, la burocracia excesiva no sea eliminada y la infraestructura y educación no se conviertan en una prioridad, los Africanos no verán los verdaderos frutos de su actividad económica. Y tal como en el caso de Nigeria, indicadores económicos y estadísticas desactualizadas expondrán figuras que no reflejan la realidad de la mayoría de los Africanos.

Sin duda alguna, África es un continente rico. No solo en materias primas como es usualmente estereotipado, pero también en capital humano. El hecho es que a pesar de los recursos naturales y humanos que el continente posee, la riqueza se sigue escapando fuera de la región para beneficiar a unos cuantos. Tanto las economías más grandes de África como lo son Nigeria y Sudáfrica, así como aquellas que se encuentran en la lucha como las de Guinea o Mozambique, necesitan redefinir sus caminos hacia el crecimiento empezando por exigir instituciones y gobiernos responsables. Este es, quizás, el primer paso hacia el crecimiento real de África.

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