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Of Petro-diplomacy and other demons

 

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Venezuela is breaking records…but for all the wrong reasons.  Even with the biggest oil reserves in the world, Venezuela’s 63.4% annual inflation rate is the highest in Latin America. To this, we add the fact that the devaluation of its currency is now around 61%, and that the oil prices have dropped to a new four-year low -which by the way-, have also plummeted the Venezuelan government’s revenue expectations.

With an international price of $77 per barrel of oil, Venezuela has started to carry the baggage that comes along with being an oil-rich and oil-dependent country. According to the firm Barclays, for every dollar off the price of a barrel of oil in the international market, Venezuela loses about $728 million. These statistics become more staggering considering that 96% of the state’s revenues come from PDVSA, Venezuela’s state-owned oil producing and exporting company.

Of course, Venezuela is not the only country suffering from the drop in the international prices of oil given that countries like Russia, Iran, Iraq or Algeria are also deeply resenting their own losses in revenues. On the other hand, it is fair to say that behind the oil price situation, there are fundamental political and ideological reasons behind why the OPEC members (Organization of Petroleum Exporting Countries) have not stepped in to find ways to bring these prices up (namely Saudi Arabia trying to put pressure on Russia over the crisis in Ukraine). Yet, one can argue that of the OPEC members, Russia is not precisely the one suffering the most from this current scenario.

Furthermore, while the OPEC conundrum is a case of petro-diplomacy -where oil becomes a tool of power-, it can be argued that Venezuela presents a chronic history of (mis) management of the country’s main source of income by means of the misuse of petro-diplomacy tools.

Petro-diplomacy is a tool that most (if not all) oil-rich countries resort to; however, one must know the extent to which one should use it given that in the oil industry, the gain of one is the loss of the other (and vice-versa). This is to say that countries like Saudi Arabia can use petro-diplomacy tools (such as keeping international prices of oil low even though this also hurts their revenues), to achieve their political or ideological goals without incurring in deep de-stabilizing effects on their economy. On the other hand, countries like Venezuela should act more reluctantly towards the use of pretro-diplomacy, given that the country’s economy is not as solid and diversified as to be able to endure the consequences of mixing business with politics.

Venezuela, like many other countries in the world (oil-rich and non oil-rich alike), carries on a legacy of dependency. In the particular case of Venezuela, this dependency has been nurtured by a series of policies that rely exclusively on the extractive industry of oil. Moreover, Venezuela, unlike some other oil rich countries, has not diversified its exports and has fallen very short from preparing itself for a post-oil Venezuela. Instead, current and past governments have campaigned to solve all national and international issues by pulling the strings of their precious non-renewable resource.

Therefore, the problems Venezuela faces are deeply entrenched in the fact that governments in office have made both the state and society reliant upon subsidies, massive and costly social welfare programs, comprehensive cooperation programs to other nations (i.e. Cuba, Nicaragua) with the sole purpose of maintaining and projecting power.

While there is nothing wrong with state-led social welfare programs or the like, it must be clear that these must be planned out responsibly and efficiently. It is perhaps the lack or organization, and long-term macroeconomic planning that is contributing to the sinking of the Venezuelan economy to the point where it is being debated whether or not its government should default on its debts.

If Petro-diplomacy is implemented correctly and responsibly, it can deliver results; yet, if it is misused such as in the case of Venezuela, it will end up snowballing into a series of complex socio-economic problems. Whether self proclaimed socialist, capitalist, or a mix of both, governments should be aware that the politics of oil are dangerous, and that only those who know how to play in the petro-diplomacy game will end up taking the sweet prizes of the black gold industry.



De la Petro-Diplomacia y otros demonios:

Venezuela se encuentra batiendo récords… por las razones equivocadas. Aún contando con las reservas más grandes de petróleo del mundo, la inflación venezolana de 63.4% anual es la más alta de América Latina. Además, a esto se le agrega el hecho de que la devaluación de su moneda ronda el 61% y que el mundo se encuentra experimentando bajas récord en los precios internacionales del petróleo -que dicho sea de paso-, han desvanecido las expectativas de recaudación del gobierno venezolano.

A un precio de $77 por barril de petróleo, Venezuela ha empezado a experimentar los retos que vienen con ser un país rico en petróleo y a su vez dependiente del mismo. De acuerdo a la firma Barclays, por cada dólar que disminuye el precio por barril de petróleo, Venezuela pierde alrededor de $728 millones. Dichos datos se vuelven más contundentes al considerar que 96% de las ganancias del estado venezolano provienen de PDVSA, la compañía nacional exportadora y productora de petróleo del país.

Por supuesto, Venezuela no es el único país que sufre de la baja de los precios internacionales del petróleo ya que países como Rusia, Iran, Irak o Argelia también se encuentran resintiendo profundamente sus propias pérdidas financieras. Por otra parte, es justo decir que detrás de esta situación se encuentran razones fundamentalmente políticas e ideológicas por las cuales los miembros de OPEP (Organización de Productores y Exportadores de Petróleo) no han intervenido para que dichos precios se estabilicen (principalmente ligados a las intenciones de Arabia Saudita de presionar a Rusia en relación a la crisis de Ucrania). Sin embargo, se puede argumentar que de los miembros de OPEP, Rusia no es precisamente el país que se ha visto más afectado por esta situación.

Además, aunque el dilema de OPEP es un caso de petro-diplomacia -donde el petróleo se convierte en una herramienta de poder-, se puede decir que Venezuela presenta una historia crónica de (mal) manejo de la principal fuente de ingresos del país por culpa del mal uso de las herramientas de la petro-diplomacia.

La petro-diplomacia es un elemento al que la mayoría (si no es que todos) los países ricos en petróleo recurren. Sin embargo, se debe de saber hasta que punto puede ser usada, considerando que en la industria del petróleo la ganancia de uno es la pérdida de otro (y vice-versa). Es decir, países como Arabia Saudita pueden usar las herramientas de la petro-diplomacia (como mantener precios bajos del petróleo aunque esta medida disminuya sus propias ganancias) para lograr metas políticas e ideológicas sin efectos profundamente desestabilizantes para su economía. Por otra parte, países como Venezuela deben de actuar de manera más cautelosa cuando se trata de los mecanismos de la petro-diplomacia ya que la economía de este país no es lo suficientemente sólida o diversificada como para sobrellevar las consecuencias de mezclar negocios con política.

Venezuela, como muchos otros países en el mundo (ricos y no ricos en petróleo) lleva consigo un legado de dependencia. En el caso particular de Venezuela, dicha dependencia ha sido fomentada por una serie de políticas que se basan exclusivamente en la industria de extracción de petróleo. Además, Venezuela, a diferencia de otros países ricos en petróleo, no se ha enfocado en diversificar sus exportaciones y no se ha preparado para una Venezuela post-petróleo. Por el contrario, gobiernos actuales y anteriores han abogado por solucionar asuntos nacionales e internacionales a través de este recurso no renovable.

Por lo tanto, los problemas en los que Venezuela se encuentra están profundamente arraigados en el hecho de que sus gobiernos han creado un estado y sociedades dependientes de subsidios, programas masivos y costosos de bienestar social, fuertes programas de cooperación con otros países (como Cuba y Nicaragua) con el propósito de mantener y proyectar poder.

Si bien no existe nada malo con los programas de bienestar social o de cooperación, debe de quedar claro que éstos deben de ser estructurados de manera organizada y eficiente. Es probablemente la falta de organización y planificación macroeconómica a largo plazo la que contribuye en gran medida a que la economía Venezolana se encuentre en estas circunstancias tan críticas, al extremo de debatirse si el gobierno podrá ser capaz o no de continuar asumiendo sus deudas.

La petro-diplomacia puede brindar buenos resultados de ser implementada correctamente; sin embargo, si esta es mal utilizada como en el caso Venezolano, la misma terminará creando una avalancha de problemas socio-económicos de naturaleza compleja. Ya sea auto-proclamado socialista, capitalista, o una mezcla de ambos, los gobiernos deben de estar conscientes de que la política del petróleo es muy peligrosa, y que solo aquellos que saben jugar muy bien el juego de la petro-diplomacia van a terminar por obtener los dulces frutos de la industria del oro negro.

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2 thoughts on “Of Petro-diplomacy and other demons

  1. This is the problem with reliance of fossil fuels! Australia will soon be facing an economic crisis if the government continues to rely on coal as a continuous source of income. It seems every country in the world is waiting for someone else to take the plunge into an infrastructure run on clean energy.

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