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Extracting Development?

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According to the World Bank, around 3.5 billion people in the world live in resource-rich territories. In many of these countries, extractive industries play a significant role in the economies of these nations. In the case of Africa alone, it is estimated that extractive industries represent around 30% of the continent’s Gross Domestic Product (GDP). Although the impact of extractive industries is mostly felt by developing countries in regions like Africa, Latin America or Asia, it must be clear that the extraction of raw materials has also a huge impact in the developed world, as these types of industries were the fuel behind the industrial revolution, and remain a core element of our globalized world.

The mining, gas, and oil industries are among the world’s most profitable businesses. The impact this sector has in the world economy is gigantic, however, we must be very careful whenever assessing GDP or PPP increases in national economies as these could lead to misleading conclusions regarding the real impact of these industries.

Furthermore, while it is true that the extraction of raw materials could be the doorstep to development for many countries, unfortunately this has not been the case for most resource-rich nations. Oil in the case of Venezuela or Nigeria, diamonds in Sierra Leone or Angola, coaltan in the Democratic Republic of Congo; the truth is the fate of these countries has been determined by a wealth that has also –paradoxically- hindered their prospects of development.

The idea that abundant natural resources are correlated with poor economic growth has been famously coined in the term “resource curse”. Yet, how much truth is behind this idea?

Actually, resources are not the problem, what has slowed down (and in some cases completely shuttered down) economic development for these countries, is the mismanagement of resources due to corruption, fragile or inefficient institutions, and other factors like wars, changes in the international markets, etc. The fact is, extractive industries have a huge potential to deliver the promise of development, if and only if, governments and the corporate sector work together.

On one hand extractive industries should be scrutinized, on the other hand governments should be held accountable for their action (as well as inaction). Often times in many resource rich countries, corruption stands as a constant and chronic issue. In most cases, corporations, national governments, as well as small elites end up profiting from the extraction of raw materials and leave behind exploited workers, broken economies, inequality, conflict hotspots, as well as environmental disasters.

While there have been strong initiatives like the Extractive Industries Transparency Initiative (EITI), which is a Norway based international organization that aims at regulating and evaluating the role of extractive industries in various parts of the world, more is to be done. Unless transparency and responsibility become the new rules, resource rich countries will continue to be seen as peripheries from which unlimited raw materials can be extracted.

In order to debunk the stigma of the “resource curse” the extractive industry should keep in mind that responsible business practices could benefit the industry and increase profits in the long term. In the world we live in, sustainability is no longer a matter of choice; it’s a matter of working smart and planning for the immediate future. The revenues from the extraction of resources should be properly allocated and invested back into society in the form of roads, schools, hospitals, and overall better infrastructure. Thus, the problem are not resource rich countries per se, the problem is how extraction is actually taking place.


¿Extrayendo Desarrollo?

De acuerdo al Banco Mundial, alrededor de 3,5 millones de personas en el mundo viven en territorios ricos en recursos. En muchos de estos países, las industrias extractivas juegan un papel importante en las economías de estos países. Sólo en el caso de África, se estima que las industrias extractivas representan alrededor del 30% del Producto Interno Bruto del continente (PIB). Aunque el impacto de las industrias extractivas se percibe sobre todo en los países en desarrollo en regiones como África, América Latina o Asia, debe quedar claro que la extracción de materias primas tiene también un gran impacto en el mundo desarrollado, ya que este tipo de industrias fueron el combustible detrás de la revolución industrial, y siguen siendo un elemento fundamental de nuestro mundo globalizado.

Las industrias del gas, petróleo o minería, están entre las empresas más rentables del mundo. El impacto que tiene este sector en la economía mundial es enorme, sin embargo, hay que tener mucho cuidado al momento de evaluar factores como aumentos en el PIB o  PPP en las economías nacionales de países ricos en recursos ya que éstos pueden llevar a conclusiones erróneas sobre el impacto real de estas industrias.

Si bien es cierto que la extracción de materias primas podría ser la puerta al desarrollo de muchos países, por desgracia, este no ha sido el caso para la mayoría de los países ricos en recursos. Petróleo en el caso de Venezuela o Nigeria, los diamantes en Sierra Leona o Angola, coaltan en la República Democrática del Congo; la verdad es que el destino de este los países ha sido determinado por una riqueza que también ha -paradójicamente- obstaculizado sus posibilidades de desarrollo.

La idea de que la abundancia de recursos naturales se correlacionan con un mal crecimiento económico se ha acuñado famoso en la idea de la “maldición de los recursos”. Sin embargo, ¿cuánta verdad hay detrás de esta idea?

En realidad, los recursos no son el problema, lo que ha desacelerado (y en algunos casos completamente detenido) el desarrollo económico de estos países es la mala gestión de los recursos debido a la corrupción, instituciones frágiles o ineficientes, así como otros factores como las guerras, los cambios en los mercados internacionales, etc. El hecho es que las industrias extractivas tienen un enorme potencial para ofrecer la promesa del desarrollo, si y sólo si, los gobiernos y el sector empresarial trabajan de la mano.

Por una parte, las industrias extractivas deben ser examinadas y escrutadas, por otro parte, los gobiernos deben rendir cuentas de sus acciones (así como la falta de acción). Muchas veces en muchos países ricos en recursos, la corrupción es un problema constante y crónico. Tanto corporaciones, gobiernos nacionales, así como pequeñas elites terminan beneficiándose de la extracción de materias primas y van dejando a su paso trabajadores explotados, economías quebrantadas, desigualdad, zonas de conflicto, así como graves desastres ambientales.

Si bien existen fuertes alternativas como la Iniciativa de Transparencia de las Industrias Extractivas (EITI), que es una organización internacional con sede en Noruega, que tiene por objeto regular y evaluar el papel de las industrias extractivas en diversas partes del mundo; aún hay mucho más por hacer. A menos que la transparencia y la responsabilidad se conviertan en las nuevas normas, los países ricos en recursos seguirán siendo vistos como periferias de las que se pueden extraer materias primas de manera ilimitada.

Con el fin de desacreditar el estigma de la “maldición de los recursos” de la industria extractiva, se debe tener en cuenta que las prácticas empresariales responsables podrían beneficiar a la misma industria y aumentar sus ganancias a largo plazo. En el mundo en que vivimos, la sostenibilidad ya no es una cuestión de elección, es una cuestión de trabajo inteligente y planificación para el futuro inmediato. Los ingresos provenientes de la extracción de recursos deben ser asignados e invertidos de nuevo en la sociedad en forma de carreteras, escuelas, hospitales, y en general una mejor infraestructura. Por lo tanto, el problema no son los países ricos en recursos per se, el problema es la manera como la extracción se está llevando a cabo.

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