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Bloodstained: Narco-Culture

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The narco-state is a platform where the systematic control of organized crime expands. It is a phenomenon that works as a vortex, sweeping away everything it encounters on its way.

Those elements that we acknowledge as proper of the nation-state have been slowly appropriated by the narco-states. The political apparatus, culture,  and national territory have fallen prey to this new operational cell. What’s more, throughout the years organized crime has become a niche from which nations are producing entire generations soaked in violence, crime, and corruption.

Similarly, in an alarming way organized crime is infiltrating popular culture. In the last few years, the drug lord has adopted a figure of benefactor, a kind of Robin Hood that executes the obligations of the state, thus gaining the approval of the masses.

In recent years there has also intensified a media campaign that presents the leaders of drug trafficking as heroes and heroines. Following the popularity of the so called narco-corridos (subgenre of Norteño music in which themes and personalities of drug trafficking are commemorated), there have also spread the “narconovelas” (narco-soap operas), in which the drug lord’s figure is romanticized, violence is portrayed as something ephemeral, and the entrepreneurial skills of these individuals to build drug empires are magnified.

With the “narconovelas” the lives of the leaders of cartels are narrated as stories full of adventures. In the case of the men, masculinity, force, and determination are exalted. On the other hand, in the case of women, a more feminine side is portrayed in which power, beauty, and seduction go hand in hand with crime. Regardless of the gender, in both scenarios drug trafficking is portrayed in a superficial manner, this is to say that these “narconovelas” (and narco-corridos) work as mirages that solely touch the surface of a very deep wound.

Unfortunately these types of series have become very lucrative as the count with record number of ratings, finding audiences who have found a new form of entertainment in these stories. Nevertheless, the narco-novelas are only one of the many manifestations in which it is materialized the rise of narco-culture and the influence of organized crime in our society.

Therefore, we are rationalizing and accepting organized crime in very subtle ways. In many cases we mistake the atrocities of real life with those of fiction and we end up increasing our tolerance levels to the pain that crime leaves us behind.

Of course, behind the expansion and ramifications of organized crime we encounter the incapacity of states to provide security, solid institutions, socio-economic stability, or even credibility. So, due to this, criminal organizations adopt such role and contrary to the fiction of soap operas where these individuals become benevolent saviors of the masses, the leaders of drug trafficking utilize mechanisms of terror as methods of subjugation.

Hence, we must understand that little by little we are accepting this new culture and letting it enter our homes. We cannot lose out of sight that organized crime in all its forms dilutes the social fabric and destroys entire nations. Let us not forget that behind every novela there is a crude reality. Today in Iguala, Mexico are the 43 missing students, 43 young victims. The question is, how many more?

 


 Teñidos de sangre: Narco-Cultura

El narco estado es una plataforma sobre la cual se expande el control sistemático del crimen organizado; es un fenómeno que funciona a manera de vórtice, llevando consigo todo lo que se encuentra a su paso.

Aquellos elementos que conocemos propios de la nación-estado han sido paulatinamente apropiados por los narco estados. La cultura, aparato político y territorio nacional han sido presa de esta nueva célula operativa. Y es que a través de los años, el crimen organizado se ha convertido en la matriz de naciones enteras, gestando generaciones empapadas por la violencia, el crimen y la corrupción.

De modo alarmante, el crimen organizado se está infiltrando en la cultura popular. En los últimos años el capo ha adoptado una figura de benefactor, una especie de Robin Hood que ejecuta las obligaciones del estado, repartiendo la riqueza entre los pobres y ganándose así la aprobación de los pueblos.

En años recientes también se ha intensificado una campaña mediática que presenta a los líderes del narcotráfico como héroes y heroínas. Luego de la popularidad de los llamados narco-corridos (subgénero de la musica Norteña en el que se conmemoran temas y personalidades del narcotráfico), se han propagado las “narconovelas” que figuran como series televisivas donde se romantiza la figura de capo, se muestra la violencia como algo efímero y se engrandecen las habilidades empresariales de  estos individuos para crear grandes imperios de la droga.

Con las narco-novelas, se narran las hazañas de los y las líderes del crimen organizado. En el caso de los hombres, se exalta la masculinidad, fuerza y determinación de estos individuos. En el caso de las mujeres, se muestra una faceta femenina donde el poder, belleza y seducción van de la mano del crimen.  En ambos escenarios, el narcotráfico y crimen organizado se retratan de manera superficial; es decir, las narco-novelas (y sus semejantes como los narco-corridos) funcionan como espejismos al tocar únicamente la superficie de una herida profunda.

Desgraciadamente este tipo de series han resultado ser muy lucrativas, al disponer de récords de audiencias que encuentran una nueva forma de entretenimiento en estos relatos. Por otra parte, las narco-novelas son solo una de las tantas manifestaciones en las cuales se materializa el auge de la narco-cultura y la influencia que el crimen va teniendo en nuestra sociedad.

De maneras muy sutiles estamos racionalizando y aceptando al crimen organizado. En muchos casos confundimos las atrocidades de la vida real con las de la ficción, y terminamos creando un nivel de tolerancia cada vez más alto ante el dolor que deja atrás el crimen.

Por supuesto, detrás de la expansión y ramificaciones del crimen organizado se encuentra la incapacidad de estados de proveer seguridad, instituciones solidas y estabilidad socio-económica -ya no se hable de credibilidad- . Ante este vacío, las organizaciones criminales adoptan dicho rol y a diferencia de la ficción en donde se presentan a héroes y heroínas, los líderes del narcotráfico utilizan mecanismos de terror como método de sometimiento.

Por consiguiente, el racionalizar y ver como normal estos elementos es sin duda alguna la peor dirección que se puede tomar. Poco a poco vamos aceptando a esta nueva cultura y la dejamos pasar a nuestros hogares. No podemos perder de vista que el crimen organizado en todas sus expresiones diluye el tejido social y destruye a naciones enteras. Detrás de la novela existe la cruda realidad. Hoy en Iguala, México son 43 estudiantes desaparecidos, 43 jóvenes víctimas. La pregunta es, ¿cuántos más?

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One thought on “Bloodstained: Narco-Culture

  1. I don’t think we are accepting the activities of organized crime because of entertainment media. It has more to do with fear and indifference. If you live around organized crime, you won’t stand up to it because, hey, they might kill you; and those far away from the action don’t give it any more thought than a mere, “That’s too bad.”

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